El Simposio “Tiempo de Ideas, Proyectos y Debates. Venezuela en la Época Guzmancista”

El Simposio “Tiempo de Ideas, Proyectos y Debates. Venezuela en la Época Guzmancista” se adentró en importantes aspectos de la vida intelectual del país en los tiempos de Guzmán Banco.

Organizado por la Fundación John Boulton y la Academia Nacional de la Historia, el Simposio “Tiempo de Ideas, Proyectos y Debates. Venezuela en la Epoca Guzmancista” tuvo lugar en el Museo de la Fundación John Boultonel día 8 de Noviembre de 2016, con el patrocinio de la Fundación BanCaribe para la Ciencia y la Cultura y Cerámica Carabobo. En esta importante ocasión y para un público motivado, se hizo una aproximación a los estudios antropológicos, como disciplina científica que daba en aquel momento sus primeros pasos;a la creación artística, especialmente la pintura;a los estudios históricos, con el debate que se propició entre las diversas maneras de asumir el registro y recuento de los hechos históricos; y a la codificación, como la estructura legal que se sistematizó a partir de esos momentos. En resumen, fue la oportunidad de fijar la atención en cómo se desenvolvió la intelectualidad venezolana en momentos en que se quiso implantar una cultura oficial.

La moderadora del evento fue Olga Santeliz, Gerente General de la Fundación John Boulton. En el acto deinstalación, María Teresa Boulton, Presidenta de la Fundación John Boulton,dio comienzo a la jornada para dar la bienvenida a los asistentes y puntualizar las razones que llevaron a los organizadores a asumir un tema tan significativo y controversial. Al respecto dijo que este Simposio es el complemento de otro realizado en 2009, con el título de “Los Tiempos Envolventes delGuzmancismo”, esta vez para tratar aspectos diferentes del desarrollo intelectual. Se refirió, igualmente, al país cultural que se despliega fuera del gran hombre, y a veces a pesar de él.

Seguidamente, por la Academia Nacional de la Historia, tomo la palabra el Dr. Eduardo Mondolfi, que expuso para los asistentes la dinámica del evento y su vinculación con el Archivo de Guzmán Blanco y su legado, guardados con mucho celo en la Fundación John Boulton; se refirió a los contenidos de las ponencias y apuntaló la significación que tiene en estos momentos la realización de un simposio como éste.

El Dr. Carlos Hernández Delfino, Presidente de la Fundación Bancaribe para la Ciencia y la Cultura, describió la vinculación y favorables coincidencias entre las diferentes instituciones involucradas en la realización del Simposio, cuyos objetivos están c omprometidos con el rescate de los valores y el pasado del país. En cuanto a la época tratada, insistió en la importancia de Guzmán Blanco y su época para la historia del Siglo XIX venezolano. Hizo una acotación al título del Simposio, al que le añadiría la palabra “contrastes”, ejemplarizados en la convivencia de la prédica liberal en el marco de un gobierno centralista, la notable modernización de un régimen, que colocaba al Estado en su rol característico, un estados en el que, por otra parte, coexistían los intereses particulares y públicos, en la difícil avenencia entre rasgos del carácter de Guzmán Blanco, como el de un administrador eficiente y un hábil político, que sin duda dejó una impronta muy personal en la vida y cultura del país.

Acto seguido, la Antropóloga Natalia Díaz Peña presentó la primera ponencia de la jornada, titulada “Arístides Rojas: Coleccionista de la familia americana y pionero del estudio científico de la Antropología en Venezuela”. Presentó como un período predecesor de los estudios antropológicos en el país,el que está en los trabajos de los coleccionistas del siglo XVIII, los relatos de los primeros viajeros, de Humboldt y Bompland, los trabajos de AntonGeringy Adolfo Ernst. Luego se refirió a los pioneros de la antropología en Venezuela, los hermanos Gaspar y Vicente Marcano. Finalmente se enfocó en Arístides Rojas, cuya colección, ahora exhibida en la Fundación John Boulton, es “la primera colección privada de piezas antropológicas venezolana”. Destacó en su exposición la calidad del trabajo de Arístides Rojas en la interpretación de los petroglifos y su investigación de los radicales de las palabras; en al campo de la literatura, su inmersión en los cronistas y en cuantos habían hecho estudios lingüísticos; también se refirió a su concepción de Cubagua como “la primera feria de la riqueza indígena”.

La Profesora María Magdalena Ziegler siguió con su ponencia “La pintura en la mira de Guzmán Blanco”, en la que, anunció desde un principio, haría una revisión de las intenciones detrás de los pintores y la pintura en esa época. Comenzó diciendo que la pintura es “representación y pensamiento plástico” y que cada época va construyendo ese corpus de representación. Una vez que dejó por sentado este principio, también hizo referencia a que, cuando Guzmán Blanco llegó al poder, ya venía con una idea de cómo propiciar su propia representación, tenía ideas de cómo quería que él y su gobierno fueran recordados, por lo que se convirtió en mecenas de las artes que le interesaban para la representación de su tiempo histórico, siendo la celebración del centenario del nacimiento de Simón Bolívar en 1883 la oportunidad estelar para materializar esa intención y destacando como pintor emblemático a Tito Salas, como ejemplo de esa temática heroica que tan querida le fue. Seguidamente, la profesora Ziegler se paseó por las obras de los jóvenes pintores que expusieron su obra en el salón del centenario, Cristóbal Rojas y Arturo Michelena, para demostrar que las intenciones de los propios artistas estaban atadas a su circunstancia y necesidades; para el salón, las obras que presentaron tuvieron temática heroica, ya que les interesaba – se sabe por su correspondencia – obtener sus becas para ir a estudiar a París. Una vez en la ciudad luz, la temática se hizo social para conmover a los jueces de los salones. Los artistas regresarían a la temática heroica cuando recibieron los encargos del autócrata, pero ya no tenían la intención de contribuir a una iconografía heroica venezolana porque “… cómo podrían contribuir a la iconografía heroica venezolana obras como Miranda en La Carraca o La muerte de Antonio José de Sucre en Berruecos?”. Concluyó la profesora Ziegler que no hemos estudiado todavía el pensamiento plástico de esos pintores, lo que se convierte en una tarea pendiente, que “Guzmancismo” se ha convertido en una etiqueta, pero “Guzmancismo” no es un estilo.

Luego de receso, le tocó el turno a la Dra. Inés Quintero, con su ponencia “La historia en tiempos de Guzmán Blanco: Realizaciones, Conflictos y Contrastes”, la que inició afirmando que la historia tiene una importancia capital para la construcción de la nacionalidad. Se refirió entonces a lo que había sido la historia anterior de la época a tratar, incluyendo los libros de historia ya existentes, las autobiografías y memorias, los manuales de enseñanza, los monumentos, la historiografía… que contribuían a instaurar un sentido de pertenencia, una historia común. Habló del culto a Bolívar, que se dio aún en vida del héroe. Guzmán se apropia de la figura del Libertador al llegar al poder, con la intención de hacer de su gestión un hito desde el que se pudiera conducir la historia, que tendría su apoteosis en la celebración del Centenario del nacimiento de Simón Bolívar como un evento de carácter nacional. Ese es el momento de tener plazas Bolívar y erigir estatuas de Bolívar en cada pueblo venezolano. El discurso, dice Inés Quintero, era monolítico y resume el ideario, “… pero había voces distintas?”. La historiadora aclaró que ante esa presión, control y orientación que ejercía el régimen para que todas las cosas fueran en una misma dirección, hubo algunos ejemplos de disensión: mencionó el Manual de Historia de Felipe Tejera, cuyo uso fue prohibido en las escuelas públicas del país; también se refirió al Apéndice de la Memoras de O´Leary, cuya publicación se prohibió porque contenía las cartas románticas del Libertador a Manuela Sáenz; el libro del Marqués de Rojas, José María de Rojas, hermano de Arístides Rojas, que se refería al viaje de Antonio Leocadio Guzmán, padre de Guzmán Blanco, al Perú, también fue proscrito. Sin embargo, dice Quintero, no hay una lectura única de ese tiempo, en el que con gran dificultad se trató de atajar el libre pensamiento, y que también puso a disposiciónde los interesados la publicación de la compilación realizada por Blanco y Azpurua, los Documentos para la Vida Pública del Libertador, que reúnen toda clase de documentos, sin distinción alguna de tendencias; que recibió los 32 volúmenes de las Memorias de O´Leary, de las que se hizo un tiraje de 3.000 ejemplares, convirtiéndose en un gran esfuerzo editorial; que vio la catalogación que hizo Ernst de las principales bibliotecas en unasola biblioteca pública, como un espacio para todo el conocimiento, un catálogo que incluía todo. Además, se creó en 1874 la Cátedra de Historia Universal en la Universidad Central de Venezuela, de manos de Rafael Villavicencio, con lo que la historia es debatida en esos espacios, creando así un ambiente para todas las doctrinas y posibilidades del conocimiento histórico. De manera que, si se tuvo la pretensión de controlar el discurso, también hubola oportunidad para el disenso y para la expresión de otros discursos. De todo aquel poder que detentó Guzmán Blanco quedan hoy solo los escombros. Concluyó afirmando que “la historia es un gran recurso para el optimismo”.

El cuarto ponente fue el Dr. José Ignacio Hernández, con el tema “La Codificación del Derecho durante el Guzmancismo”. El Dr. Hernández comenzó diciendo que para comprender la codificación en la época guzmancista hay que tener tres cosas a la vista: Primero, la influencia de Código Napoleónico en la codificación guzmancista; segundo, la necesidad de unificar la legislación requerida por la codificación; y tercero, la utilidad de los códigos en la viabilidad de la economía. Se refirió a las dos acepciones de la palabra código: por un lado, su sentido de recopilación de leyes; por otro lado, su sentido de ley de libertad, de sistematización lógica y racional del derecho en un lenguaje claro y sencillo, de unificación del ordenamiento jurídico y de proteger los bienes jurídicos, que son las instituciones salvaguardadas por los códigos. Recordó que a la llegada de Guzmán Blanco había un gran caos jurídico. En 1872 se nombró una comisión para la codificación que tenía entre sus considerandos la necesidad de resolver ese caos, aunado en intención a los ideales de progreso y civilización. En 1873 los códigos estaban listos; sin embargo no se trató de una labor apresurada, y Guzmán fue un factor muy importante para que ese proceso fuera tan expedito. Guzmán se cimentó en el pasado para armar esos nuevos códigos, además de que tenemos la referencia de Cecilio Acosta, que alude precisamente al intercambio entre todos los miembros de esa comisión para redactar los códigos. El ponente hizo expresa mención del Código Militar, que sí fue una elaborada construcción legal perfectamente ordenada. Finalizó diciendo que son esos códigos un legado que permanece, aunque se han reformado muchas veces, y que, tristemente, estamos ahora viviendo un proceso de descodificación.

En la conclusión de esta jornada se retomó la idea del guzmancismo como una época en la que la vida intelectual se desarrolló en dos vertientes, una impulsada desde el poder por Antonio Guzmán Blanco, y otra que se desarrolló a pesar de él, paralelamente o divergiendo, en una Venezuela llena de contrastes y debates.

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