Una cabeza reducida de los indios jíbaros de Ecuador nos cuenta una historia de rituales y creencias.

El objeto del mes de agosto de 2015 es una cabeza reducida de los indios Jíbaros de Ecuador

cabeza reducida de los indios Jíbaros de Ecuador

cabeza reducida de los indios Jíbaros de Ecuador

En la Colección de objetos de la Fundación John Boulton podemos apreciar una cabeza reducida de los indios jíbaros de Ecuador, que no sólo sorprende por su casi intimidante presencia, sino que trae a colación referencias importantes sobre la forma en que valientes guerreros aborígenes honraban a sus héroes y reconocían el coraje de sus enemigos.

En una nota publicada en El Cojo Ilustrado (1º de agosto de 1892, Nº 15, pp. 232-233) por el Dr. Adolfo Ernst nos enteramos de que 30 años antes habían llegado estos curiosos objetos al conocimiento de los etnógrafos y se reseña que el primer ejemplar llegó a manos de D. R. de Silva Ferro, Cónsul para ese momento de Chile en Quito, con la explicación detallada del procedimiento para prepararlas que hiciera en su momento “un tal José F. Barriero”.

En la misma nota, el investigador hace constar que tiene conocimiento de que esas cabezas eran preparadas para ese momento por los indios Jíbaros, tribu que habita entre los ríos Pastaza y Chinchipe en la parte Oriental de Ecuador, y fue compartida en épocas pretéritas por otras tribus de Brasil y Perú. Para el momento en que se escribe la nota, Ernst asegura que los Jíbaros son la única tribu que mantiene la práctica, básicamente para guardar las cabezas reducidas de sus más notables enemigos, como trofeos de guerra, o para honrar a sus más esforzados guerreros, considerados como oráculos y “tributándoles una especie de culto religioso”.

En el texto se lee el procedimiento: “Después de cortada la cabeza, practican la extracción del cerebro y demás partes blandas, comiéndose el primero, y enseguida separan la cutis de los huesos del cráneo y de la cara, los cuales sacan cuidadosamente por la apertura que ha dejado el pescuezo cortado. Queda entonces una especie de bolsa, que frotan tanto por dentro como por afuera de aceite de andiroba (que llamamos nosotros aceite de carapa); en seguida introducen en ella una piedra calentada  del tamaño de un puño,  y así la cuelgan en el humo del fuego para desecarla poco a poco y reducirla al tamaño deseado. El humo ennegrece la cara y sirve además como sustancia conservadora. Después de estar bien seca la cabeza, hacen en la parte superior un agujero, por el cual introducen un cordón de algodón trenzado, asegurándolo en leña cavidad inferior por medio de un nudo o un palito”.

Sabemos que cuando se trataba de la cabeza de un enemigo, se le cocían los orificios correspondientes a boca, ojos y oídos; así se garantizaba que no fuera utilizado como espía del enemigo o pudiera insultar o decir cosas desagradables a los miembros de la tribu que se atribuía el trofeo.

La cabeza reducida de la Colección de objetos de la Fundación John Boulton, a todas luces un guerrero reconocido, fue adquirida por Alfredo Boulton en Ecuador; se trata de un objeto reverencial religioso que está colocado sobre un pedestal y base circular de madera pintados en negro. La cabeza reducida tiene 11 cm. de alto. Para su exhibición y como protección se le cubre con una cúpula de vidrio.

El guerrero jíbaro de cabeza reducida forma parte de nuestra cotidianidad y nos acompaña permanentemente en nuestra jornada de trabajo.

 

 

 

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